El segundo día llego a su barrio y la vi, maravillosa, con su abrigo negro hasta las rodillas y su bufanda morada a juego con sus labios… sonríe pizpireta y, haciendo un mohín con la nariz, acerca su cara a la mía. Le planto un beso en la boca. Según se lo estoy dando pienso que igual me he precipitado, ¿querrá hoy lo mismo que ayer?, bueno ya está hecho así que…
Pero sí quería, claro, qué estúpido dudar de mí. Las mujeres huelen la confianza en uno mismo. No dudar, no dudar.
Las segundas citas son críticas, ya no es el deseo del momento, no es alcohol, la noche o cualquier excusa momentánea. Las segundas citas dicen si habrá una quinta.
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